Blog de MartaDCS

LOSER.

Últimamente paso mucho tiempo con personas equivocadas, eso me ayuda a no pensar, me ayuda a olvidar, a alejarme cada vez más de lo que duele.

Pero ¿sabes? No es una solución definitiva. Me metí en esta situación creyendo que nadie más podría volver a hacerme daño, pero cada vez que pasa algo el dolor me devuelve a tu herida y hace que el sufrimiento se intensifique mucho más. Lo peor de todo es que ya no sé en quién pienso cuando sufro.

Y eso es lo malo de vivir en mentiras, porque así es como vivo yo, me cuentan mentiras y me las creo sabiendo que lo son, pero es que suenan demasiado bien, parece fácil vivir dentro de ellas, me siento cómoda confiando en ellas, como si tuviese la esperanza de que por arte de magia algún día vayan a convertirse en verdad, como si estuviese escrito en el Evangelio que debe ser así, pero claro que sabré yo de eso si soy atea.

El problema es que en algún momento se termina abriendo los ojos, y la hostia es horrible, es una caída del piso número 14 de Madrid sin paracaídas. No, no hay botes salvavidas está vez, ni manos que me agarren fuerte para no caer, he gastado todas mis balas y he tenido que renunciar a continuar la guerra.

¿Sabes? Por primera vez en mi vida me he dado por perdida, yo que creí que ese día de noviembre iba a morirme y no lo hice, termino muriendo ahora y no es ni siquiera por el mismo motivo.

Yo que creía que después de aquella aparente irreversible caída me había vuelto invencible me he dado cuenta de que más bien es todo lo contrario, que me he vuelto mucho más vulnerable, que me conformo con un calor artificial, con besos de mentira, con polvos vacíos de magia, con los “te echo de menos” y los “apuesto por ti” que suelen decirse por adornar y encubrir la falsedad.

Pero eso no es lo peor, no es que me conforme, es que me sacian, me llenan de vida, aunque sea todo mentira, quizá porque para mí, a lo mejor, no lo es.

Así que siempre acabo involucrada en causas perdidas, porque nunca llego a aprender de los errores, siempre tengo la esperanza de que alguna vez algo salga bien. Pero ya no la tengo y, sinceramente, ya no sé de quién es la culpa ni si se debe culpar a alguien, ya no me esfuerzo en buscar motivos o explicaciones, ya no me importan, y es entonces cuando me he dado cuenta de que me he dado por perdida.

Que ya no quiero más fracasos en mi lista, que ya no quiero echar de menos ni que me curen las heridas, que prefiero que sangren hasta dejarme seca. Y así es, así es como estoy enfrentando la verdad que he estado evitando y tapando tanto tiempo, quizá años y, quizá no es que me esté dando por perdida, a lo mejor es que realmente lo estoy.

Lo malo de vivir tanto tiempo con una venda que tú misma te has puesto en los ojos es que cuando te la quitas no reconoces el paisaje, ¿Dónde he estado viviendo? Me pregunto ahora que no estoy ciega y, sobre todo, ¿Dónde me encuentro ahora?.

No encuentro respuestas, así que la única solución posible que veo es adaptarme a mi nuevo hábitat, permanecer perenne aquí hasta que sepa cuál es el camino que debo tomar, a quedarme en stand by y rezar porque las aguas vuelvan solas a su cauce.

Y no, no quiero volver a ponerme la venda en los ojos, la he quemado a fuego lento, porque vivir ciega, aunque sea feliz, no es estar viviendo sino alimentarse de falsas esperanzas, y ya no quiero eso, no quiero más caídas de bruces contra el suelo, no quiero más sangre en mis rodillas.

Ahora podré ver todo lo que realmente venga, el problema es que yo ya abandoné la guerra y ahora no me quedan ni armas ni munición.

Estoy destinada a perder.


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